Legados importantes de Egipto

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Escrito por user admin el user 29 de diciembre del 2011



Al pensar en los legados de Egipto lo primero que nos viene a la mente son sus mundialmente famosas pirámides. Estos prodigios de la arquitectura han resistido al paso del tiempo y, a día de hoy, continúan siendo la principal atracción en los viajes a este país. Sin embargo, la monumentalidad de estas pirámides no fue desarrollada hasta la tercera Dinastía.

La mayor parte de la superficie de Egipto la integra el desierto del Sahara, que sólo esta habitado en torno a los oasis.

La tercera de las cuatro Dinastías que definen la historia de Egipto fue la encargada de transformar las, hasta entonces, tradicionales mastabas -unas cavidades rodeadas por una pared de ladrillos con una capilla para las ofrendas de bajo tamaño- o los hipogeos -unas tumbas subterráneas cavadas en la roca de las montañas cercanas al valle del Nilo-, en las enormes pirámides escalonadas que en la actualidad conocemos. Desde el año 2.700 a.C., que comienza con el reinado de Sanajt, hasta el año 2630 a.C. con el faraón Huny a la cabeza, estas pirámides comienzan a tomar forma y fama.

No obstante, el verdadero auge comienza en la cuarta cuarta dinastía. De hecho, de ella se conserva la gran mayoría de restos ya que del denominado primer período intermedio de Egipto -y pese que algunos gobernantes continuaron la tradición como Neferkara Neby, Jui, Ity, o Merykara- apenas quedan restos. Unos vestigios que cobran todo su significado a través de las célebres pirámides de Keops, Kefren, Tutankamon y Micerino, erigidas en la meseta de Guiza, cerca de El Cairo. Una ciudad que, junto con la ciudad de Alejandría, son los dos núcleos urbanos más importantes de Egipto.

Pero estas construcciones arquitectónicas no son los únicos legados de Egipto. También permanecen toda una serie de templos dedicados a cualquiera de sus 13 dioses. Y es que si por algo destacaba la cultura egipcia antigua, a parte de por procesar una religión politeísta basada en la veneración de unas estatuas que albergaban la esencia de esos dioses representados como animales, era la pasión por la construcción aunque sólo como vehículo transmisor del alma ‘al más allá’.

Gran parte de sus riquezas estaban destinadas al culto de los reyes muertos, porque por medio de sus ofrendas esperaban desde una gran cosecha hasta un bienestar más grande en la ‘segunda vida’ tras la muerte. Una tradición que les llevaba a enterrarlos con todas sus pertenencias personales que le harían más cómoda esa vida.

De hecho, tanto las mastabas, los hipogeos y las grandes pirámides contenían pasadizos ocultos que convertían a estas tumbas en verdaderos laberintos a prueba de ladrones y algunas de ellas eran incluso disimuladas en la montaña para evitar el robo de las riquezas que en ellas se depositaban.

El Templo de Neferati es uno de los únicos que encontramos dedicados a una mujer.

Pasar a la eternidad era la mayor preocupación de un faraón considerado, en vida, como un dios en la tierra y máximo representante e incluso hijo del mismísimo dios Sol, denominado Ra. Una preocupación que llegaba a ser obsesiva si tenemos en cuenta que cada soberano, desde el inicio de su reinado, comenzaba a preparar la tumba en el cual sería sepultado.

Así es, los egipcios basaron toda su fisionomía estructural en la creencia de una segunda vida y en el camino dejaron grandes legados egipcios que posteriormente se trasladarían al resto del mundo. Unas aportaciones que van desde el uso de la piedra -caliza y granito principalmente- como materia prima esencial y su empleo en la contrucción de columnas como elementos de sostén para techos o en relieve de las estatuas hieráticas con sus ojos almendrados, entre otras cosas.

Sin embargo, los legados de Egipto no sólo abarcan el campo de la arquitectura, muy importante y, quizás, el legado más conocido. Otros ámbitos como la economía e incluso la astrología y literatura también recibieron sustanciales aportaciones de esta antigua civilización que posteriormente inspirarían a otros países.

Sus políticos también dejaron a la humanidad el conocimiento para la formación de los primeros gobiernos centralizados y la hemergente idea de Estado que llegaría varios siglos después. Y es que pese a que no se encontraran desarrollados estos conceptos ni aunque su intención fuera inspirar al mundo con ellos, lo cierto es que los egipcios plantaron la semilla de unos frutos que se recogerían después en otros países como Francia.

Una de las características más notables de la sociedad egipcia era la marcada desigualdad social. A la cabeza de esta sociedad jerarquizada se encontraba el faraón cuyo poder era por herencia y origen divino. ¿Te suena? Así es, las conocidas monarquías absolutas europeas no fueron las primeras en utilizar su origen divino para dominar a la población así como tampoco fueron las primeras en emparentarse, por matrimonio, con miembros de su propia familia para mantener su linaje.

Los egipcios ya lo hacían antes tal y como atestiguan sus grabados en piedra colocados en las grandes pirámides. Historias de una vida que se iban lacrando a medida que éstos hechos se sucedían.

El templo de Luxor fue construido durante el Imperio Nuevo egipcio.

Pero no sólo de esclavos y faraones vivía esta sociedad, también estaban los escribas. Una clase social que se engloba dentro de aquellos que estaban al servicio del Estado, al igual que los arquitectos, y cuyas tareas no eran otras que realizar esos tallados en piedra relatando la historia egipcia.

El resto de la población eran humildes campesinos dedicados a la agricultura y artesanos sometidos a la explotación por parte del Estado para el sostenimiento de cultos y grandes templos.

Y hablando de agricultura, en lo referente a la vida económica, ésta se plantea teniendo como factor determinante el desierto del Sahara. Como decíamos anteriormente, Egipto tiene una superficie en la que predomina principalmente el desierto por eso, la subsistencia egipcia tuvo que exprimir al máximos sus recursos para conseguir que su agricultura mantuviera estos núcleos de población cercanos a los oasis del río Nilo.

Sus adelantos en las técnicas de la agricultura como el riego artificial hizo que esta civilización pudiera progresar a lo largo de los años.De hecho, grandes grupos de semitas norafricanos invadieron el valle y el delta del Nilo atraídos por la fertilidad del suelo, mejorando las técnicas de trabajo en el campo y aprendiendo a disciplinar la fertilidad de la tierra con la que vivían.

Aunque si hablamos de progreso no debemos dejar a un lado el ámbito de la cultura, porque si algo ha demostrado su legado arquitectónico es que los egipcios eran grandes estudiosos interesados y preocupados por el entorno que les rodea.

En esta cuestión encontramos a la escritura jeroglífica llevada a cabo por escribas en papel, por los artesanos que la tallaban en piedra o los pintores quienes a golpe de brocha los plasmaban en paredes y esculturas a modo de oraciones religiosas.

Pero no sólo se contaba la vida de los faraones o se retrataban frases ceremoniosas de dioses durante la sepultura del faraón difunto, no. Aún se conservan algunos escritos dedicados a poemas de amor, futuros consejos para los gobernantes, himnos religiosos y también verdaderas historias de aventuras como las conocidas ‘memorias de Sinuhit’, que tuvo su adaptación al cine a través de la película: ‘Sinué en egipcio’.

La escritura jeroglífica es una constante en cualquier templo y pirámide.

Gracias a estos legados egipcios en el campo de las letras es que hoy conocemos algunas de las costumbres de esta antigua civilización. Una escritura que, en algunos puntos, continúa siendo todo un misterio para historiadores y expertos lingüistas que se afanan por descifrar esta escritura basada en jeroglíficos. Un sistema basado en ideogramas que también sufrió la evolución, como en el resto de cosas, y que más adelante se convertiría en escritura hierática y en escritura demótica.

Como últimos legados más relevantes de Egipto encontramos el calendario solar de 365 días y la división del día en 12 partes. Lo que nos lleva a hablar del desarrollo de la matemática y de la astronomía.

Y es que con trece dioses, un interés obsesivo por ‘el más allá’ y la configuración de sus mega estructuras no podía faltar el campo científico en este recopilatorio de los legados más importante de Egipto.

Desde los orígenes del mundo, el ser humano ha sentido verdadera fascinación por su entorno y el Universo y los egipcios no fueron diferente. Ellos son los responsables de que a día de hoy nosotros tengamos la concepción actual del tiempo. Un tiempo y un espacio divididos en meses que designan un signo del zodiaco, transmitido generación tras generación y civilización tras civilización hasta llegar a los 12 signos que conocemos en la actualidad.

De hecho, nuestra herencia va más allá de los rasgos estructurales y encontramos similitudes hasta en su representación. Recuerda que los dioses egipcios eran representados habitualmente con forma semi humana, cuerpo de hombre y cabeza de animal.

Foto 1 de El_Alex.
Foto 2 de versae.
Foto 3 de Silviapef.
Foto 4 de César García Pont.




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